Una anciana era la encargada de realizar los trabajos en la mezquita de Medina. Era una musulmana pobre y silenciosa. Durante tres días el Profeta Muhammad (saws) no la vio y sintió curiosidad por saber donde estaba. Sus compañeros le informaron de que había fallecido y que había sido enterrada.
El Profeta Muhammad (saws) ofendido y con sorpresa les dijo: "¿No debieron haberme informado?"
Fue hasta la sepultura y dirigió las plegarias del entierro, recitando varias veces las oraciones.
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