El Profeta Muhammad (saws) se encontraba frente a un ejército de más de diez mil hombres en dirección a La Meca hacia la mayor victoria de su vida. En toda Arabia se había reconocido su soberanía.
Mientras marchaba a la cabeza del ejército observó que en su camino una perra había dado a luz a sus cachorros. Llamó a Ju’ayl el hijo de Suraqah, y le ordenó que se parara en guardia frente a la madre y sus
cachorros hasta que todo el ejército hubiera pasado para protegerlos de un atropello seguro.
La perra y sus cachorros no fueron perturbados, aunque el ejército de diez mil hombres tuvo que cambiar de dirección.
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